La Real Federación Española de Fútbol tiene dueños desde hace mucho tiempo, que nada tienen que ver con el deporte al que supuestamente representan. Pocos se ha atrevido a hacerles frente y,
los que lo han hecho, no han podido con ellos, por mucho respaldo que tuvieran. Se habla ahora de
una nueva alternativa: la de
Sandro Rosell, el ex de
Nike que acompañó a
Laporta a la presidencia del Barcelona y que llegó de la mano de
Ronaldinho,
Deco y unos cuantos más para ganar una Liga de Campeones.
No conozco personalmente a
Rosell pero sí a personas que están en contacto con él. Al parecer, dicen que prefiere trabajar sin prisa, pero sin pausa, para poder ofrecer un verdadero proyecto viable capaz de imponerse al incombustible
Villar. Aunque en realidad, aún no ha llegado el momento de pasar a la acción, hasta no atar los cabos que todavía andan sueltos porque, por extraño que parezca, los aliados de
Rosell ahora son del Madrid y no del Barça, y eso no le da demasiada consistencia.
Pero, dejando a un lado estrategias y coaliciones secretas, ya era hora de que alguien se atreviera a presentar alternativas a una institución sin pies ni cabeza, únicamente sustentada por los intereses económicos generados a través de fondos públicos.
Rosell ha demostrado su capacidad directiva y sus conocimientos del mundo del fútbol, así como un saber estar y un control de los medios envidiable. Antes del Barcelona, escaló rápidamente en el mundo del deporte demostrando ambición y dotes de liderazgo, sabiendo hacer amigos más poderosos que sus enemigos (que también los tiene). Ya en la directiva de
Laporta, supo combinar la gestión deportiva con la económica, manejando las negociaciones en las que participó con gran profesionalidad y adaptándose a las limitaciones del club. Sólo
Txiki le ganó la partida, apoyándose en la figura de
Cruyff (los
hermanísimos ya desvelaban hace tiempo
algunos detalles de aquel desencuentro).
Ahora, cuando muchos pensaban que el próximo paso de
Rosell sería la presidencia del Barcelona,
Sandro sabe que el enfrentamiento directo con
Laporta y
Cruyff es demasiado arriesgado y que existen mejores alternativas para sus objetivos. Y la Federación parece el primer paso: una institución desfasada, en crisis permanente y absolutamente deficitaria, pero con unas posibilidades que sólo algunos son capaces de advertir, mientras otros piensan que el cargo de
Villar no es más que un pelele para manejar desde programas de radio. A día de hoy, la Federación es la gran ocasión de triunfar en el fútbol, como lo consiguió
Florentino a través de la explotación económica del Madrid años atrás.
Rosell podría hacer lo mismo con la Federación y, además, con la ventaja de poder añadir en lo deportivo lo que nadie antes ha conseguido. Y si fuese así, estaríamos ante el gran héroe del deporte español. Y eso, para la gente que persigue el poder, es un caramelo muy goloso.